Cuando hablo con un cliente por primera vez, a menudo pienso: “No hago el aceite, ni el vino, ni la miel… pero sí puedo hacer que cada producto cuente su historia”. Y esto es precisamente lo que hace que mi trabajo sea apasionante: transmitir todo el valor de un proyecto que no es solo un producto, sino una experiencia.
Cada botella, cada tarro, cada etiqueta tiene detrás años de paciencia, tradición y compromiso con la calidad. Pero el reto es cómo hacer que los clientes lo sientan sin haber pasado ellos mismos por el proceso. Y es aquí donde entra la parte creativa de mi trabajo. Contar historias, poner ejemplos concretos, hacer que la información sea tangible y cercana… eso es lo que transforma un producto en algo memorable.
Por ejemplo, recuerdo una visita con un cliente que solo buscaba un aceite para un regalo corporativo. Cuando le expliqué cómo los olivos se alimentan del clima de la zona, cómo cada cosecha depende de factores naturales y de la paciencia del equipo, pasó de ver un simple aceite a comprender todo un proyecto con alma. Al final, acabó eligiendo no solo un producto, sino la experiencia Mas Fuertes, y volvió posteriormente buscando otros artículos porque quería compartir esta historia con sus clientes.
Cada conversación es diferente, y he ido aprendiendo pequeñas técnicas para hacerlas más impactantes:
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Poner ejemplos visuales o comparativos que hagan inmediatamente comprensible la calidad del producto.
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Explicar detalles que sorprendan: cómo un vino puede cambiar según la añada, o cómo una miel recolectada de una determinada flor aporta un sabor único.
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Conectar con la emoción: qué representa aquel producto para quien lo hace, para el territorio, para la cultura que lo sustenta.
Esto me hace ver que, aunque no produzca el aceite, el vino o la miel, tengo un papel clave en la historia de cada botella que llega a un cliente. Mi tarea es hacer que la pasión, el respeto por el territorio y el cuidado en el proceso lleguen a quien compra, y hacer que se convierta en una experiencia personal.
Para mí, esta es la parte más valiosa de ser responsable de Ventas y Marketing: no solo vendemos productos, contamos historias y conectamos personas con proyectos que tienen sentido. Y cuando ves la sorpresa, la sonrisa o la curiosidad de un cliente, sabes que todo tu esfuerzo vale la pena.